¡No se ha acabado el mundo!

Bueno, parece que el tal Harold Camping, charlatán evangélico y director de la emisora cristiana Family Radio también se ha equivocado en sus vaticinios apocalípticos. Hoy es 22 de mayo y nuestro planeta sigue dando vueltas alrededor del Sol, y nosotros seguimos aquí para contarlo. Los cálculos de Camping se basaban en una interpretación personal de la Biblia, en la que Dios le comunicó a Noé que acabaría con el mundo siete días después del Diluvio. Atribuyendo 1000 años a cada “día divino” y descontando el año 0, Camping obtuvo la fecha exacta del 21 de mayo de 2011. Sin duda a los lectores les parecerá una anécdota más de un trastornado o un simple charlatán.

 Pero no olvidemos sus consecuencias: miles de personas creyeron en la profecía e invadieron las calles de muchas ciudades estadounidenses enarbolando carteles y pancartas apocalípticas.

Si creer tal despropósito os parece ridículo, lo que ya resulta esperpéntico es la cantidad de creyentes que han pagado 135 dólares para que una empresa cuidara de sus mascotas cuando el pasado sábado fueran llamados al cielo. Los socorristas son todos ateos confirmados, por lo que la empresa ofrece la garantía de que se quedarán en la Tierra recogiendo perritos y gatitos de cristianos abducidos. El jueves pasado, los rescatadores ateos habían facturado 35.000$ que, debido a las condiciones del contrato, no serán devueltos a pesar de que al final todo haya sido una falsa alarma.

Sin embargo, este sábado no era el primer día en que se debió acabar el mundo. En todas las civilizaciones se han vaticinado por parte de profetas y visionarios múltiples fechas en las que dejaríamos de existir, todas ellas fallidas. La próxima, el 21 de diciembre de 2012. Prácticamente cualquier año de nuestra era tiene su propia profecía (prueba aquí), pero veamos cuáles han sido los fiascos apocalípticos más destacados de la historia:

Año 1000. Quizá una de las fechas más marcadas, por eso del fin del milenio. Los niveles de histeria popular fueron notables, a la espera del segundo advenimiento de Cristo y el consecuente fin de los días. A pesar de no contar con el apoyo de la Iglesia Católica, multitud de creyentes entregaron sus bienes a los pobres, se dejaron de cuidar cultivos y ganados y miles de personas peregrinaron a Jerusalén.

Año 1524. Johannes Stoeffer, astrólogo alemán y profesor de la Universidad de Tubinga anunció en su “Ephemerides” que el mundo acabaría el 20 de febrero de 1524, profecía a la que se sumaron numerosos teólogos. La histeria popular llevó a que muchas personas pudientes construyeran arcas a lo Noé, e incluso a una absurda discusión teológica sobre si los que tenían embarcaciones preparadas estaban moralmente comprometidos a admitir en el pasaje a aquellos que no disponían de barco. Para colmo, el 19 de febrero se desató una gran tormenta que hizo cundir el pánico: la gente asaltó los barcos y se produjeron numerosas muertes. El día 21 amaneció soleado.

Año 1736. William Whiston, profesor de la Universidad de Cambridge y amigo personal de Isaac Newton, anunció que en la madrugada del 14 de febrero de ese año aparecería un cometa que acabaría con el mundo en tres días, a golpe de fuego y terremotos. Ni contar la histeria que produjo el que precisamente el 14 de febrero apareciera la impresionante cola del cometa Halley en los cielos. Los comercios no abrieron y Londres prácticamente se paralizó. Cuando todo pasó sin ninguna consecuencia, Whiston simplemente dijo que se había equivocado en los cálculos.

Año 1843.William Miller, fundador de los adventistas (creyentes en la segunda venida de Cristo acompañada de cataclismos), concluyo tras un concienzudo estudio de la Biblia que el mundo acabaría en 1843. Una “visión” le confirmó la fecha exacta: el 20 de marzo de se año. El falso profeta consiguió miles de seguidores, conocidos como Milleristas, que a medida que se acercaba la fecha protagonizaron delirantes espectáculos en las calles de Boston: borracheras, confesiones públicas e incluso suicidios. Cuando el día 21 de marzo volvió a salir el sol por el horizonte, Miller desapareció, pero algunos de sus seguidores siguieron tozudamente manteniendo la secta y originando lo que hoy conocemos como “adventistas del séptimo día”.

Año 1910. El regreso del Cometa Halley sirvió para profetizar otro fin del mundo diferente: cuando se publicó que la Tierra atravesaría los restos de la cola del cometa en 1910, algunos científicos amenazaron con la posibilidad de que los gases tóxicos contenidos en ella podrían acabar con la raza humana. Algo que fue desmentido por el resto de astrónomos, pero que no evitó que además de la histeria, los negociantes de turno hicieran su agosto vendiendo píldoras para evitar los efectos tóxicos del cometa.

Año 1954. La aparición de unas grietas en el Coliseo romano hizo que mucha gente tomara en serio las profecías de una tal Sibila, pitonisa que anunció el 24 de mayo como fecha en la que se derrumbaría el edificio y marcaría el fin del mundo. Roma se convirtió en una procesión de borrachos que aguardaban el final de los días empapados en alcohol, tras negarse el Vaticano a abrir sus puertas para que la gente esperara allí el fin. Mientras, al otro lado del Atlántico, Charles Laughead anunciaba que unos extraterrestres le habían pronosticado el fin del mundo para el 24 de diciembre. Ni las grietas del Coliseo no los extraterrestres apocalípticos evitaron que en 1955, Elvis Presley iniciara su primera gira por EE.UU.

Año 1997. La aparición del espectacular cometa Hale-Bopp alimentó los movimientos conspiranoicos que llegaron a afirmar que una nave de la NASA estaba siguiendo al cometa porque iba a producir el fin del mundo. A pesar de que la NASA y la comunidad astronómica negara tal seguimiento, llegando a aconsejar a cualquier persona con un telescopio lo suficientemente potente que comprobara por sí misma que no existía ninguna nave, el movimiento conspiranoico fraguó en San Diego en forma de una secta  que se denominó “Heavens Gate” (Puerta del Cielo), 39 de cuyos acólitos se suicidaron colectivamente el 26 de marzo.

Año 1999. Una cuaderna de Nostradamus reza “El año 1999, séptimo mes, vendrá del cielo un gran Rey de espando. Resucitar al gran Rey de Angolmois, antes, después, Marte reinará por buena dicha“. Esto fue interpretado como una guerra global que acabaría con el mundo, una gran guerra… que nunca se produjo.

Año 2000. Otro fin de milenio que estuvo acompañado de todo tipo de tintes apocalípticos, muchos de ellos acompasados a la época. El “efecto 2000″, por el que los calendarios de los ordenadores de todo el planeta podrían producir fallos gravísimos, alimentó el temor a un holocausto nuclear. Una alineación de planetas en mayo, junto con los vaticinios de un tal Richard Noone sobre el deshielo repentino de la Antártida, completaron el panorama. Miles de personas acapararon víveres y armas, principalmente en EE.UU.

Año 2011. Multitud de personas de todo calado político y cultural vaticinaron la degeneración de la juventud. Los jóvenes del siglo XXI solamente se preocupan de los videojuegos y  el alcohol. La pérdida de valores políticos y sociales llevaría, según ellos, a una decadencia de occidente con una generación insulsa e insolidaria. Sin embargo, el 22 de mayo de 2011, ahí siguen…

Fuente:http://cnho.wordpress.com

Autor: J.M. Hernández

~ por miqueleno en 29 mayo 2011.

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