Los 15 años del Tamagotchi

A mediados de los 90, y explotando para sus finales, un juguete electrónico que llenaba la palma de cualquier niño se convirtió en un fenómeno mundial que no sólo trasvasó las expectativas de la empresa que lo fabricó, sino que también dio el puntapié inicial a las mascotas virtuales. El viejo, querido y mortal Tamagotchi cumple 15 años y con casi 80 millones de unidades vendidas  logró que muchos miráramos dentro de nuestros bolsillos para cuidar a un demandante animal a través de 3 o 4 botones y evitar que se nos muriera.

Revolución Tamagotchi

En 1996, Bandai no necesitaba ningún tipo de producto salvador ni tenía conflictos económicos alrededor de su conformación y desenvolvimiento con 30 años de presencia en el mercado. Bandai era ya un éxito por sí misma, pero creó una criatura –nunca mejor dicho- que le daría una trascendencia a nivel publicidad que sólo los fenómenos que irrumpen en la cultura pueden lograr. El tamagotchi nació en una época donde los móviles pesaban casi tanto como los Tablet, y en forma de juguete electrónico masivo que te ponía a cargo de una mascota virtual de la que tendrías que encargarte o si no…. O si no… ¡Moría! ¡Qué responsabilidad! Por primera vez muchos niños tuvieron en sus manos un dispositivo portátil que contenía, de alguna manera, vida en él, pudiendo manipular su destino pero estando atados al mismo a través de sus demandas. Además de generar algunas consecuencias positivas y negativas, que van desde el primer contacto de los niños con una responsabilidad a la ansiedad por cumplirla o a la depresión por no cumplirla, el tamagotchi dio un nivel de interacción entre usuario y juego que era insólito en un dispositivo móvil hace 15 años. El resto es historia.

Uno de los tantos modelos de Tamagotchi

Etimología y personajes

Según declaran sus creadores en Bandai, el nombre del simpático juguete deviene de la conjunción de la palabra japonesa Tamago, que significa “huevo”, con la palabra Uocchi, traducible como “Mirar” (pero con una connotación relacionada a la observancia y el cuidado). Un detalle es que esta última palabra (uocchi) hizo que la mayoría de los caracteres que había disponible para usar en el juego a lo largo de sus sagas tuvieran como terminación de su nombre el fonema –tchi. Hablando de caracteres, las sucesivas versiones de Bandai y las alternativas intra-mercado (imitaciones) y las extra-mercado (de contrabando y falsas) lograron que la lista de personajes a usar se elevara sobre los 50, con lo que los coleccionistas se hicieron una fiesta y todo un desafío intentando tener uno de cada. En general el personaje principal de la versión original era una especie de pollo o pájaro de extraña fisionomía, pero también había monstruitos genéricos, tortugas y otros seres de impronta alienígena.

Una mascota necesitada

Cuidar una mascota en la vida real demanda tiempo, espacio, inversión sostenida en el tiempo y de cuidados que refieren a una responsabilidad más elevada, y el Tamagotchi le vino como anillo al dedo a los padres que les negaban una mascota a sus hijos. El precio accesible (que fue cambiando con el tiempo y sus diferentes versiones), lo pequeño del aparato y la presumible carencia de riesgos para el niño fueron grandes motores al regalar el Tamagotchi, y en sólo 3 años, Bandai y otras empresas habían vendido 40 millones de unidades. 3 botones para controlar las acciones para con la mascota virtual, como alimentarla, llevarla a dormir, jugar con ella, acariciarla, limpiar sus necesidades y hasta conseguirle una pareja para que se reproduzca y te de una nueva generación de Tamagotchi al cual alimentar cuando sus padres ya no estén luego de vivir entre 20 y 25 días (si hacías las cosas bien). El personaje nacía, se desarrollaba y fallecía. Una imitación del ciclo natural que tendría tantos adeptos como deudos.

Los distintos estados en cada generación de Tamagotchi.

Una solución ante la tragedia: Reset

Si bien la mayoría de los descartables juguetes de hoy día nos tienen acostumbrados a que la atención de ellos por parte de los niños dure apenas un poco más que los comerciales que los venden, por aquella época un producto que de por sí caducaba a los 25 días era algo para tener en cuenta negativamente por todo progenitor provisto de billetera. Pero por suerte estaba el botón dereset en la parte posterior del Tamagotchi,  y con una simple pulsación toda la historia de la mascota virtual quedaría únicamente en tus recuerdos (o en tu conciencia, irresponsable.) Así que si se moría antes de aburrirte con él (o por eso mismo), el bichito podía revivirse.

Efecto Tamagotchi sobre la salud y la vida social

Vaya uno a saber qué tipo de molestias, culpas sociales y grado de soledad carcomía la conciencia de tantos (guiño, guiño), pero lo cierto es que el juguete para niños de edad escolar pasó a ser también un objeto de admiración y fanatismo para adultos, que  entre almuerzos laborales y avenidas congestionadas, alimentaban a sus mascotas virtuales con una dedicación cuasi patológica. Esto último fue el motivante de –según varios sitios especializados- muchos accidentes de tráfico, pérdidas de trabajo, desinterés social, depresión y otras circunstancias problemática que tuvieron como causa la excesiva atención a la mascota virtual sumado al rechazo social del mundo adulto a una persona mayor que dedicara tiempo a jugar con una mascota de estas características.

Esto encendió más la polémica entre sociólogos, psicólogos y la opinión pública, que se mostraban ambiguos ante las expectativas de buenos resultados del uso del Tamagotchi. Las mejoras iban por el lado de la generación de solidaridad, responsabilidad por el otro, constancia, conducta, etc. Pero muchos profesionales de la conducta habían declarado que el animalito pixelado, en combinación con personalidades inestables o una adicción, podía llevar a la ansiedad, frustración y otras conductas negativas ya citadas y que había que cuidar más de cerca a los niños que tuvieran el juguete. La seriedad del asunto llevó a que en Psicología se formara un concepto llamado Efecto Tamagotchi, que se aplica a todos los casos donde los humanos demuestran arraigo emocional a máquinas, robots o incluso a software. ¿Te sientes identificado? Tranquilo (o no). Es una característica social de la sociedad consumista y fetichista en la que vivimos.

Un coleccionista de Tamagotchis con mucho excremento virtual para limpiar.

Rarezas y curiosidades

Además de ser prohibido en los colegios, en los recintos laborales y en varios neuropsiquiátricos, el Tamagotchi se intentó censurar por medios más sutiles y con excusas más elaboradas, como cuando en Australia se intentó entorpecer una muestra de Tamagotchis porque una versión de los mismos contenía un minijuego de  Slots (tragamoperras) los cuales, según los censores, incitarían a los niños del futuro a ser adictos a las apuestas. Pero que no sorprenda esto, pues todo fenómeno de dimensiones genera fenómenos de dimensiones… exageradas, y el Tamagotchi no es la excepción. Una prueba del furor de esta mascota virtual fue la creación de guarderías de Tamagotchis para cuidarlos mientras sus dueños estudiaban o trabajaban.  Otro más complejo pero menos vergonzante era llevar a tu mascota recientemente fallecida a la base de datos de los cementerios virtuales que se abrían en la red para que los deudos lloraran a sus mascotas muertas. Sí. Digámoslo juntos: ¡Japóooooooooooooooooon!

Tamagotchi invade la pantalla

Que Bandai no lo necesitase o lo esperara no quiere decir que no lo supiera aprovechar, y cuando los balances de ventas llegaron a números estratosféricos, los japoneses decidieron dar el siguiente paso con Tamagotchi y convertirlo en un personaje de serie animada para TV. Así fue que para 1997, Tamagotchi contaba con una serie animada en uno de las principales emisoras de Japón. En 2007 llegaría Saa Ikou Tamagotchi, que en EEUU sería Let’s go Tamagotchi (¿Les suena Pokemon y Digimon?) y que hoy se puede ver por YouTube. Unos días después, Tamagotchi llega a la pantalla grande  y luego otras series se fundarán en 2009 y 2010 hasta hoy.

En video también se vio a Tamagotchi en 1997, que explicaba qué eran y cómo funcionaban. En el mismo año, un tema musical sacudió la radio. Se llamaba Tamagotchi y la banda encargada de interpretarlo era Sqeezer, que sería la primera de tantas en dedicar o hacer temas para la mascota virtual. El fenómeno estaba en su auge y la llegada a los videojuegos era obligada, por lo que Bandai (sobre todo luego de su fusión con Namco) sacó juegos para GameBoy, Nintendo DS y Wii. Además, y como si faltaran pruebas para mostrar que la franquicia se mantiene viva aún a 15 años de su fundación, Bandai sacó una versión especial por sus 3 lustros que contiene 32 personajes en un solo dispositivo y cuesta 65 dólares.

Han pasado 15 años de Tamagotchi, y sus referencias actuales en la cultura popular son tantas  como aquellos que volverán a sentir ese dolor en el pecho al recordar con angustia a su perecida mascota virtual. Personalmente, soy uno de esos a los que se les muere un cactus por falta de riego, pero al Tamagotchi que tuve (hasta que salió violentamente despedido por el balcón de un 5to piso) nunca le faltó nada. Ni siquiera el vuelo final que mi “pajarito” silenciosamente pedía para desaparecer finalmente de mi vida. Aunque creo que interpreté erróneamente su destino y forma de migración deseada.  ¿Y tú? ¿Tienes alguna anécdota con un Tamagotchi que quieras contarnos?

Fuente: neoteo.com

~ por natzuky en 2 diciembre 2011.

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